Trump ha afirmado en un mitin en Nebraska que dejar que Irán ataque ciudades como Los Ángeles o San Diego sería un "pequeño precio" para mantener la seguridad de Estados Unidos. Las declaraciones, hechas durante una campaña electoral, han generado fuertes críticas, especialmente en California, donde autoridades y republicanos han cuestionado su contenido. La Casa Blanca ha aclarado que Trump no invitaba a Teherán a atacar territorio estadounidense, pero las palabras han sido interpretadas como una amenaza indirecta.
Las afirmaciones de Trump se producen en un contexto de tensión entre Estados Unidos e Irán, tras la muerte del líder supremo iraní, Ayatolá Alí Jameneí, en una operación conjunta con Israel. Trump ha señalado que "nadie sabe quién demonios está al mando del país" en Irán, lo que refleja su desconfianza hacia la situación política en el país. Además, ha expresado que la guerra en Irán podría terminar "por las buenas o por las malas" en un plazo corto.
La reacción ha sido inmediata. El gobernador de California, Gavin Newsom, ha calificado las palabras de Trump como "repugnantes" y "motivo de descalificación". Por su parte, el candidato republicano Jim Desmond ha criticado que Trump, como comandante en jefe, debe defender los intereses nacionales. Aunque la Casa Blanca ha intentado aclarar que no se llamaba a la guerra, las declaraciones han reavivado debates sobre la postura de Trump hacia Irán y su impacto en la seguridad nacional.

























