EE.UU. Ha cerrado su última base militar en Irak, concluyendo una presencia que duró más de 23 años y costó más de 1,7 billones de dólares. La decisión, anunciada el miércoles, marca el final de la participación estadounidense en el país tras décadas de conflicto. La base, ubicada en la región de Al Başrah, fue evacuada tras la finalización de las operaciones militares en el país.

La retirada se produce tras fracasos en las negociaciones entre EE.UU. E Irán, que no lograron alcanzar un acuerdo significativo. La tensión entre ambos países ha influido en la estabilidad regional, lo que ha llevado a una reevaluación de la presencia estadounidense en el Medio Oriente. La decisión también refleja una política de reducción de la intervención militar en el área, en línea con la estrategia de seguridad actual del país.

La presencia estadounidense en Irak comenzó tras la invasión de 2003, con el objetivo de derrocar al régimen de Saddam Hussein. A lo largo de los años, la guerra ha generado numerosas críticas por su costo humano y económico. La retirada de la base representa un cambio significativo en la geopolítica del región, con posibles implicaciones para la seguridad de Irak y la relación con Irán. La situación sigue siendo compleja, con riesgos de inestabilidad en el país.