El aeropuerto de San Antonio del Táchira, en la frontera entre Venezuela y Colombia, sigue operando con la mitad de las frecuencias aéreas que tenía antes del sismo del 24 de junio. A pesar de los esfuerzos por restablecer la normalidad, solo 12 frecuencias están en funcionamiento, mientras que las otras 12 permanecen inactivas. La crisis se agrava con la falta de recursos y la complejidad de la logística en la zona.
El doble sismo afectó severamente la infraestructura aérea del país, causando daños significativos en múltiples puertos. Aunque se han realizado reparaciones, el ritmo de recuperación es lento. La situación ha generado desafíos para el transporte de personas y mercancías, especialmente en las regiones más afectadas.
La comunidad internacional sigue observando con atención la evolución de la situación. Mientras tanto, el gobierno venezolano enfrenta la tarea de mejorar la conectividad aérea, un desafío que se suma a otros problemas económicos y sociales. La espera por una solución duradera sigue siendo la norma.






























